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El anonimato

La Duodécima Tradición guía nuestro comportamiento al interior de la fraternidad. El principio espiritual del anonimato lo anteponemos a cualquier deseo personal de hablar sobre las reuniones o conversaciones de SA.

Respetamos el anonimato de cada cual en las reuniones absteniéndonos de repetir fuera de la reunión a  quien hemos visto o lo que una persona particular dijo en la misma. Practicar el anonimato de esta manera nos beneficia individualmente y como grupo, ya que le permite a cada miembro compartir libremente qué está pasando en realidad y protege al grupo de chismes,  divisiones, adulación y otros comportamientos negativos. Por este principio mantenemos el enfoque en nosotros mismos, hablando sólo acerca de las ideas del Programa SA tal y como las aplicamos en nuestra vida. Nos enfocamos en el mensaje, no en el mensajero. Anteponemos “los principios a las personalidades”.

También practicamos el anonimato en las reuniones cuando no mencionamos nuestras ocupaciones específicas, inclinaciones religiosas, grupos sociales, sueldo, pertenencia a otros programas de Doce Pasos u otras afiliaciones externas. Del mismo modo, si vemos a alguien en las reuniones a quien conocemos en otro contexto, respetamos su anonimato no mencionando con ellos asuntos que no tienen que ver con el Programa. Así, podemos compartir lo que está en nuestro corazón sin impedimento a causa de las etiquetas, expectativas y roles que nos identifican en nuestras vidas “afuera”. En la reunión nos sentamos como iguales, teniendo un problema común como sexólicos, y no como personas divididas por habilidades o rangos sociales.

Practicamos el anonimato fuera de las reuniones cuando vemos en un lugar público a un compañero de SA. Nos abstenemos de saludarlo si la situación requiere tener que explicarle a una tercera persona como es que lo conocemos. Esto es lo que quiere decir proteger el anonimato. En una situación en la que no se mantiene el anonimato cuando se debería mantener, decimos que “hemos roto el anonimato”.

Intentamos también practicar el anonimato en conversaciones individuales con nuestro padrino u otros amigos de confianza en SA, si es que necesitamos discutir algún asunto que involucra a una tercera persona. Al no decir de quién estamos hablando de  que mantenemos el enfoque en nosotros mismos. Al fin y al cabo, somos nosotros los que tenemos la inquietud. Ofrecemos protección espiritual a la persona con la que estamos molestos y evitamos chismes y crítica.