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Apadrinamiento

Conseguir un padrino es un acto de humildad. Confiar en la visión y experiencia de otro sexólico cuando asistimos a reuniones de SA y trabajamos los Pasos puede llegar a pedir de nosotros un cambio grande en nuestra actitud de “lo puedo hacer yo solo”. Después de todo, la forma en que estábamos viviendo nuestras vidas y lo que pensábamos que sabíamos acerca de la recuperación es lo que nos trajo a SA al principio.

Trabajar el programa sin un padrino es como pilotar un barco sin timón: el marinero está a merced de cualquier corriente. Vamos a necesitar más ayuda. Incluso quienes tienen ya recuperación y un padrino en otro programa de Doce Pasos se consiguen un padrino en SA.

Al solicitar apadrinamiento, la regla básica es pedírselo a alguien que está por delante de nosotros en el trabajo de los Pasos, que tiene una sobriedad satisfactoria y continua, y que parece tener la recuperación que quisiéramos para nosotros. Quien apadrina ha de ser apadrinado a su vez y debe asistir a reuniones con regularidad. Los padrinos pueden mostrarnos un modo de vida y guiarnos en el trabajo de los Doce Pasos a través de su propio ejemplo y tomándose su tiempo para escuchar y responder.

Generalmente, quien apadrina en SA ha de ser del mismo género que aquellos a quienes apadrinan. Es bueno que el ahijado pida ayuda, lo cual demuestra su disponibilidad a trabajar el Programa de SA. Nos mantenemos en contacto con nuestros padrinos viéndolos en las reuniones y llamándolos regularmente, incluso a diario, sobre todo al principio.

Algunos de nosotros hemos trabajado los Pasos satisfactoriamente con un padrino que vive en un lugar distante. Podemos entonces comunicarnos por teléfono, internet o por correo aun cuando raramente, o nunca, nos encontremos cara a cara. Quienes están en la cárcel han encontrado recuperación de esta manera. La distancia no tiene por qué ser un obstáculo en asuntos espirituales si se tiene  disponibilidad. Un padrino no hace el trabajo de recuperación por nosotros ni les proporciona respuestas mágicas a nuestros problemas. Él o ella no son nuestro padre, o nuestra madre, nuestro terapeuta o sacerdote.

Más bien el padrino o madrina comparte su experiencia, fortaleza y esperanza y apunta hacia el sencillo juego de herramientas espirituales que ofrece el programa de SA. En consonancia con la Quinta Tradición, el apadrinar nos permite llevar el mensaje y es una experiencia para no perdérsela. Los miembros del programa apadrinan porque esto les ayuda a mantenerse sobrios y les da la oportunidad de mantener el mensaje vivo para sí mismos. Tener ahijados les permite ofrecer un servicio y practicar el desapego. Ser padrino lleva a los miembros del programa a crecer a través de la humildad, el amor y el servicio. Cuando apadrinamos a otros practicamos el principio del Paso Doce de dar lo que hemos recibido.