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A continuación relatos de miembros de SA

LA LUJURIA ROMÁNTICA

Como mis ojos se me iban más de lo deseado, comencé a rezar antes de que la mujer se acercara. La cosa iba mucho mejor, pero todavía no era suficiente. Además de rezar por ella, el ir por la calle rezando por otras personas, -miembros del programa, compañeros de trabajo, familiares, caminantes- el ir con actitud de dar en vez de recibir, fue lo que más me ayudó a superar este problema.

Y entonces se manifestó claramente la lujuria de amor romántico, de intentar que una mujer llenara ese vacío que hay en mí y que sólo Dios puede llenar.

¿Qué fue lo que vi?

Que en lo más profundo de mi corazón nunca había renunciado a las relaciones de pareja, que nunca las había puesto en manos de Dios.

Sabía, a nivel intelectual, que yo ignoraba, e ignoro, qué es lo que es bueno para mí, que son mis ideas más brillantes las responsables de que yo esté aquí. Hice lo que me dijeron: “Pon tus relaciones de pareja en manos de Dios; deja de buscar, ponte en sus manos y cuando estés preparado, si Dios considera que es beneficioso para ti, ya pondrá a alguien en tu camino.

Deja de luchar, ríndete”. Y así lo hice. De labios hacia afuera. Pero nunca había renunciado de verdad a tener una pareja que un día se convirtiera en mi novia y finalmente en mi esposa. Seguía empeñado en que sabía lo que yo necesitaba. Seguía empeñado en decirle a Dios lo que Él tenía que hacer por mí.

Para mí la hora de la verdad llegó cuando en una de las reuniones a las que asistía -de un programa de doce pasos – mi atención se fue concentrando, poco a poco, en una mujer. Y empecé a obsesionarme. El rezar por ella me ayudaba, …muchas veces, pero en otras ocasiones, al concentrar la atención en ella, su imagen no desaparecía y las fantasías románticas volvían. El admitir mi impotencia tenía las mismas consecuencias…unas veces muy bien,… otras, no tan bien. Lo mismo las oraciones del tipo “Señor, que encuentre en ti lo que busco en ella”, etc. etc.

El caso es que la lujuria de amor romántico se deslizaba en mi mente de una forma muchísimo más discreta y sutil que la irrupción violenta y amenazadora de la lujuria sexual. Tenía que estar más alerta, más despierto. Pero eso no era todo. Faltaba algo, pero, ¿qué era?

Faltaba la renuncia profunda e incondicional de un paso sexto. El paso sexto nos dice que tenemos que estar dispuestos a que Dios nos elimine nuestros defectos de carácter. Estar dispuestos significa que aceptamos vivir sin ellos, que somos capaces de concebir la vida sin orgullo, sin autocompasión, sin egocentrismo, etc. Renunciamos en la raíz de nuestro ser, en nuestro corazón, en nuestra alma. ¡Mucho más difícil de lo que parece a simple vista! En el sexto nuestra tarea se “limita” a renunciar. En el séptimo a pedirle, sin exigirle; eso es lo que quiere decir humildemente. A Dios corresponde hacer el resto cómo y cuándo Él lo decida.

Éste era el problema. Necesitaba renunciar, cada vez que apareciera una tentación romántica, a esa mujer, no sólo hoy (soy un experto en guardar cartas de la baraja y en esperar a que la mujer cambie), sino para siempre. Tenía que decir una y otra vez: “Acepto vivir sin esa mujer el resto de mi vida”. Sintiera el dolor que sintiera. Por muy desgarrado que estuviera por dentro. E inmediatamente pedirle a Dios que hiciera acto de presencia, que me llenara. La Conexión verdadera. Pero si quería, pero si quiero, que la presencia de Dios se mantuviera y me llenara de verdad necesitaba prolongar y profundizar ese Contacto de alguna manera. Y FUE ENTONCES CUANDO DESCUBRÍ QUÉ NECESIDAD TAN GRANDE TENÍA DE AMAR Y QUÉ LA SOLUCIÓN ESTABA EN PRACTICAR ACTOS DE AMOR. … tenía que dar a alguien… rezar por alguien, hacer algo por los demás, ofrecerles mi atención y mi afecto. (El ayudar a los nuevos produce resultados sorprendentes).

Revista Essay, diciembre de 1996

 

MIEDO Y VALOR, SE NECESITA VALOR PARA TRABAJAR EN EL PROGRAMA
El miedo es normal y algo saludable. Ha permitido a los seres humanos sobrevivir y florecer. Si el miedo no fuera parte del ser humano, nuestros antepasados habrían sido comidos por leones o tigres, u otro desafortunado final, en mi propia vida yo he experimentado miedo muchas veces, comenzando a una edad temprana cuando mi padre gritaba airadamente todo el tiempo. Luego hubo figuras de autoridad como policías y maestros. Y, por supuesto, los que me hacían bullying que siempre tuvieron un gran placer en ver al niño más pequeño convertirse en un charco de sudor cuando lo enfrentan. De hecho, estaría mintiendo si dijera que no experimenté miedo casi a diario de una u otra forma.

También, tristemente, he tenido miedo en reuniones de SA donde los miembros deberían sentirse seguros y protegidos, donde pueden bajar la guardia y ser nuestro verdadero yo. Hay miedo de contar la verdad en caso de que haya juicio, miedo a parecer débil o estúpido, miedo a recaer, incluso miedo a contar nuestra historia en el primer paso. No hay juicio porque yo también he sido víctima de los mismos miedos. Me llevó tres años escribir y dar mi primer paso porque no podía enfrentar lo que me había hecho a mí mismo y a mi familia, y mucho menos contarlo a otros. Luego, cuando llegué al noveno paso, hacer las enmiendas, me preocupaba cómo me afectaría tanto a mí como a los que hice las enmiendas. Estos eran todos tigres de papel porque al dar mi primer paso me llené de la gracia de Dios y mis compañeros de SA me dieron su apoyo y amor. Entonces cuando hice mi noveno paso estaba preocupado de como el peso de la culpa me podría poner aparte y de que cada persona que hice las enmiendas me perdonase.

Ahora, si estaba tambaleante y el miedo estaba de un lado, el valor estaba en el otro. Se necesita valor para trabajar el programa, para ser abierto y honesto. Se necesita valor para admitir nuestras fallas cuando nos sentimos débiles y vulnerables. Se necesita el mismo valor para levantarse cuando ha ocurrido una caída que resulta en una pérdida de sobriedad. Pero una y otra vez veo que falta este valor y el miedo supera con creces el valor.

Me complace decir que he encontrado valor en mí mismo en los últimos años, a pesar de que he estado en el programa veinte. El primer acto de valor era renunciar a la pornografía en todas sus formas. Esa decisión condujo a la instalación de software de monitoreo en mi teléfono y computadoras, y tener mi esposa como mi compañera de responsabilidad. Necesite agallas! Lo siguiente fue admitir en las reuniones cuando recaía, siendo abierto y honesto acerca de donde estaba y no esconderme detrás de mí medalla de sobriedad. He encontrado que una pequeña cantidad de la verdadera sobriedad es mucho más valiosa que la falsa sobriedad, porque mentir y ocultar solo dificulta mi conexión con Dios. También encontré valor al admitir cuando estaba equivocado cuando suceden desacuerdos. Nuevamente, necesito valor para dejar de lado mi orgullo.

Para mí, reemplazar el miedo por valor es continuo y cuanto más practico más mejora mi conexión con mi Poder Superior. Y seamos sinceros, ¿no es eso de lo que todo este programa se trata?

Garry B.

Revista Essay Febrero de 2018